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Esoterismo

El origen del Tarot

El Tarot de los Hechizos: receta laboral

Todas las grandes civilizaciones del pasado se volcaron en un momento de su historia a la compilación de sistemas adivinatorios fundados en el uso de tablas simbólicas.

La cartomancia, arte tan antiguo como el mundo mismo, no es otra cosa que un lenguaje simbólico complejo, capaz de poner en funcionamiento, a través del símbolo, una serie de mecanismos arcaicos, de reacciones y de poderes, que hoy en día se consideran perdidos, pero que construyen el bagaje legado por una época en que el hombre mantenía una extraña relación de dependencia con lo paranormal. La necesidad de conocer por anticipado la fecha de un regreso, la solución de un problema, la dirección a tomar, desarrolló en el hombre una sensibilidad, una capacidad para observar atentamente l detalle del símbolo, del cual nosotros somos los fieles herederos.

A lo largo de los siglos hemos llegado a unos sistemas adivinatorios, a unos símbolos, a unas sensaciones y a unos esquemas procedentes de culturas y épocas diversas. La necesidad de conocer, por medio de una via alternativa, aquello que el tiempo y espacio impiden percibir físicamente.

Cada cultura reivindica para sí la invención de la cartomancia, el especialista de la India proclama su nacimiento en las orillas del Ganges; el sinólogo, en el curso del río Azul; el egiptólogo, por su parte, sitúa su origen en las aguas cenagosas del Nilo; mientras que los adeptos a las civilizaciones precolombinas hacen remontar su inicio a la sabiduría de los aztecas, los incas y los mayas. La cartomancia, don de los Egipcios, de los Chinos, de los indios o de los hebreos, es capaz todavía de ofrecer algo al hombre del siglo XXI: una esperanza, la invitación de la armonía con las leyes del cosmos. Detrás de las cartas, de sus imágenes, de su susurro e incluso de su olor, existe un ritual al cual es difícil renunciar. El ceremonial que precede a la distribución de las cartas, la relación vibratoria y telepática que se instaura entre el cartomántico y el consultante, determinan todas las operaciones de la magia.
La lectura de las cartas que desata la percepción extrasensorial mediante la combinación por exceléncia. La sensibilidad del cartomántico evoluciona por los senderos que le ofrecen los símbolos disimulados en las cartas, separándose y volviéndose a encontrar.

Los símbolos son fortuitos.

Algunas civilizaciones antiguas, favoreciendo el principio según el cual nada se pierde y nada se crea, definieron teorías según las cuales existe una voluntad predeterminada que es difícil pero posible, modificar siempre y cuando lleguemos a conocerla a conformarse el destino.

En el cosmos, todo gira entorno a pivotes simbólicos que son los arquetipos: energías fundamentales que constituyen el punto de partida de toda cosa y a las cuales debemos regresar desenvelando los nudos y estableciendo asociaciones: colores, números, signos del zodíaco y cartas. En los arquetipos se encuentran amalgamados los sentimientos y los temores de cada individuo frente a las etapas obligatorias de la existencia: el amor, la sexualidad, la lucha, la muerte y la aprensiónpor lo desconocido, que son las experiencias universales.

Tal y como está escritoen las tablas de esmeralda (base de esoterismo occidental) existe una correspondenciaentre el elemento sólido, concretos y el elemento sutil, impalpable. Resulta esencial el no perder nunca de vista esas correspondencias puesto que a la menor ocasión aparecen en el plano inmaterial de la esencia, surgiendo de imprevisto como una serpiente invisible que todo lo enreda. Los contenidos efectivos , comunes a todos los hombres, actúan más allá de los límites individuales de nuestro mundo interior. Cuando nuestro espíritu se encuentra en una situación tal (durante el estudio simbólico de un arcano, por ejemplo, activando elementos con mucha carga emotiva, semejantes en todo individuo por el hecho de formar parte de subconsciente colectivo) sucede que llegamos a comunicarnos con el espíritu del otro, transcurriendo así la dimensión humana, de tiempo, tal y como lo representamos en regla general no ultrapasa los confines del planeta tierra.

Los minutos, horas y días marcadas por el siglo del sol y el cambio de estación, no son nada más que el producto de convenciones humanas, únicamente válidas, pues en el interior de la dimensiones del “hombre”.

Precisamente por el hecho de no poseer una existencia propia sino de ser eternamente dependiente de otros factores, el tiempo dejaría de existir para un cosmonauta que viajase a la velocidad de la luz. Una relación análoga se establece entre el tiempo y el espacio . Una persona que observa desde el exterior la dispersión de un desfile podrá darlo por terminado a la vez que un observador situado en el mismo momento en el corazón de este desfile juzgará que la dispersión se está produciendo todavía a velocidad de la luz. Una relación análoga se establece entre el tiempo y el espacio . Una persona que observa desde el exterior la dispersión de un desfile podrá darlo por terminado a la vez que un observador situado en el mismo momento en el corazón de este desfile juzgará que la dispersión se está produciendo todavía. 

Equipo de El Tarot de los Hechizos.