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El teu món màgic
MAGIA SIMPATICA Artículo del mes

Ritual de Iemanjá

Material:
- 1 Imagen
- 1 Vela azul celeste
- Algunas conchas de mar
- Agua del mar o de río
- 1 Varita de incienso de abre caminos

Realizar ritual del día 16 o el día 19 de Febrero
Colocar una imagen de Iemanjá, delante de la imagen colocar la vela azul, a la izquierda de la vela un recipiente con el agua y a la derecha algunas conchas.
Encender la varita de incienso y la vela, realizar la oración y petición.

Oración:
Vos que gobernáis las aguas derramando sobre la humanidad tu protección, realizando, Oh Divina Madre, una descarga en sus cuerpos y en sus mentes, limpiando las aguas e infundiendo en sus corazones el respeto y la veneración debida a esa fuerza de la naturaleza que simboliza, permite que vuestras falanges nos protejan y amparen.
Te suplicamos Yemanjá poderosísima, Reina de las aguas este ruego a conseguir.
Con todo amor y justicia dadme fuerza precisa y necesaria para poder soportar todo.
En un mar de naturaleza y armonía quiero vivir.
Proteged a mis seres queridos de todos los males y peligros.
Salve yemanjá, Reina del Mar.
Ofreced una novena de flores blancas al solicitar la gracia, llevar al mar en un día de sol y buena mar un ramo de flores atadas con cinta celeste y lanzar sobre las aguas y al mismo tiempo entregar 9 monedas de uso legal dentro del agua orando por la gracia recibida.


UNA OPORTUNIDAD PARA LA PAZ
Por Michael Vatikiotis
Del International Herald Tribune

HONG KONG.- La trágica pérdida de tantas vidas en las costas del océano Indico tal vez no sea en vano. A medida que llega el auxilio, y la prioridad se asigna, correctamente, a mantener la salud pública para que no se pierdan más vidas, los políticos también podrían empezar a pensar en la manera de forjar una nueva era de paz y seguridad tras la devastación provocada por el tsunami.

El destino quiso que las gigantescas olas golpearan varias zonas que han sido azotadas antes por prolongados conflictos. Cerca del epicentro del terremoto, en Sumatra, la población de Aceh ha estado atrapada en el prolongado conflicto entre los separatistas y el gobierno central de Sumatra, lucha que, según se ha estimado, ha costado 10.000 vidas desde la década de 1970.
En Sri Lanka, casi 20 años de guerra civil han tenido un costo de más de 60.000 vidas humanas. Más recientemente, en el sur de Tailandia, una revuelta de bajo nivel gatilló el conflicto en tres provincias entre la mayoría musulmana y la minoría budista de la región, con un costo de 600 vidas en el último año.
Las muertes provocadas por estos conflictos no son tan trágicas ni numerosas como las provocadas por la tragedia del domingo 26 de Diciembre del 2004, que exceden los 150.000 muertos. Pero cuando la catástrofe se disipe un poco y el costo humano pueda ser evaluado con más exactitud, aún persistirá la necesidad de paliar las causas de conflicto en la región... y tal vez incluso se manifieste el deseo de usar el tsunami como punto de partida para una nueva base de entendimiento y de paz.
En Aceh, por ejemplo, las autoridades se han visto obligadas a permitir el ingreso de las organizaciones de ayuda internacional y a los medios de la prensa extranjera después de varios meses de ley marcial, que impedía la entrada de periodistas y organizaciones internacionales. Tras cumplir con la tarea inmediata de auxiliar a las personas a reconstruir sus vidas, Yakarta podría aprovechar esta oportunidad para consultar a los expertos internacionales sobre cómo reconstruir una relación más equitativa con la población de Aceh y reanudar las negociaciones con los separatistas que combaten para lograr su autonomía.
En Sri Lanka, ya cunden débiles esperanzas de que la devastación de las áreas costeras de la isla ayuden a unir a los tamiles que guerrean con los singaleses, quienes superan en número a los tamiles cinco a uno. El tsunami no eligió a sus víctimas según la raza, de modo que debería haber igual oportunidad para todos en la reconstrucción de la nación.
En Tailandia, el gobierno podría contribuir a la unión de las comunidades musulmanas y budistas, empleando un plan económico amplio e incluyente para revitalizar la región afectada. Los responsables de la violencia en el bando musulmán deberían detener la ola de matanzas que han dejado más de 580 víctimas.

Cuando se produce una tragedia humana de tanta envergadura, el mundo tiende a unirse... y lo mismo cabe esperar de las divididas comunidades de estos países.
No es momento de reabrir viejas heridas en la región. Las diferencias religiosas y étnicas pueden resolverse y se pueden dejar de lado los recuerdos de pasados conflictos para abocarse a la tarea de reconstruir las vidas destrozadas de tantas personas en una región tan vasta. Una propuesta concreta sería que todas las partes de estos conflictos se reunieran en foros para enfrentar las consecuencias del tsunami. Las organizaciones internacionales de ayuda pueden facilitar y arbitrar estas interacciones.

Fraternidad, Humanismo y Paz.